sábado, 19 de diciembre de 2020

viernes, 18 de diciembre de 2020

Umbrales Virulentos Antología de Ciencia Ficción Latinoamericana (presentación)

 


La Ciencia ficción ha dejado de ser aquel género infravalorado para convertirse, hoy por hoy, en un género literario consolidado y complejo que se escribe con mayúscula, epicentro de mucha transversalidad de pensamiento proveniente no solo de la ciencia y la literatura sino de las artes, la filosofía, la antropología, la política y lo social. Un verdadero crisol donde cristalizan los efluvios de nuestro tiempo, y al verla de esa manera parece que estuviésemos hablando de Latinoamérica.

La presente antología ha sido concebida como ese crisol en el que se intenta amalgamar las sustancias propias de esta región caracterizada por el mestizaje, la caoticidad, la hibridación y su condición de otredad.

Nada resulta más afín a la Ciencia ficción que la otredad, pues es un género que insiste en acercarse y comprender al otro, a ese eterno desconocido, al siempre discriminado, al raro, al  monstruo, ya sea aquel que habita o proviene de otra galaxia o simplemente de otro país.

No es casualidad que en Latinoamérica esa otredad esté instalada en lo cotidiano, porque somos un pueblo disperso que se sigue preguntando quién es, seguimos siendo Los hijos de la malinche de Octavio Paz, pues, como él mismo dijera: “lo extraordinario de nuestra situación reside en que no solamente somos enigmáticos ante los extraños, sino ante nosotros mismos”.

 Que la otredad nos resulte tan cotidiana puede ser la razón del crecimiento y fortalecimiento de un género como la Ciencia ficción, que en principio parecía ligado a los países generadores de vanguardia tecnocientífica y no apto para aquellos que solo eran consumidores, tal es el caso latinoamericano, una condición que debe estar entre comillas porque sí se ha generado tecnociencia de vanguardia en nuestro contexto pero quizá no ha sido visibilizada. También pasa que desde lo literario empezamos a mirar con mayor detenimiento a los pioneros del género en la región (Hugo Correa, Bioy Casares, Borges, Quiroga, Britto, etc.) permitiéndoles tanta influencia como la generada por los pioneros angloparlantes (Wells, Bradbury, Asimov, Le Guin, K. Dick, etc.) y no solo eso, también se debe a que las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos de Ci-fi hemos comenzado a leernos a nosotros mismos y nos hemos visto en El espejo enterrado de Carlos Fuentes.

Esta antología nace de esa lectura. Después de surcar muchas antologías de Ci-fi latinoamericano, hemos pensado en sumar otra, desde un lugar del que se tienen pocas noticias respecto a este género literario, desde una Venezuela que bien puede ser vista como el ojo del huracán, por lo que esta antología no deja de ser un ejercicio de resiliencia, en la que ejercemos la creatividad como forma de resistencia ante la crisis, una crisis que para nosotros (Latinoamérica) no es nueva,  sobrepasa por mucho los gobiernos de derecha e izquierda, una crisis que más allá de ser económica, política o social, deviene existencial, es la crisis de la Ciencia-ficción latinoamericana, mutación transgénica del realismo mágico. Este es un lugar donde se abren múltiples umbrales, como aquel pasillo del Teatro mágico que recorriera Harry Haller. Portales que pueden conducir a los mundos más equidistantes, que pueden resultar retrofuturistas y ucrónicos e incluso intergalácticos y distópicos.

Alejandra Decurgez, desde Argentina, abre umbrales que evocan la nostalgia por la naturaleza y el temor de una humanidad que presiente la pérdida de algo esencial como consecuencia de la fusión (¿acaso irreversible?) de su ser con esa tecnología que va desplazando las supuestas imperfecciones de la carne por una promesa de eternidad cibernética. Ante esta visión que puede parecer pesimista, sin que necesariamente lo sea, contrapone la insistencia de lo orgánico, de lo no tecnológico, de una naturaleza por la que seguimos sintiendo arraigo, esa que solemos ver como una madre, y es que, en el fondo, por mucho que digitalicemos la vida, no nos apetece soñar con ovejas eléctricas.

Eliana Soza, desde Bolivia, abre umbrales que cuestionan uno de los puntos más cruciales de esta pandemia: la forma de relacionarnos. Nos muestra concepciones del amor que pueden estar determinadas por los algoritmos de una realidad virtual o por relaciones intergalácticas que logren valorarnos como especie más de lo que nos valoramos nosotros mismos. También trata el tema de la soledad desde una hipótesis de género único que se contrapone a la diversidad de género que se discute hoy en día, y aborda la posibilidad de una tecnología que puede ser contaminada por algo metafísico, una visión terrorífica para cualquier positivista.

Leonardo Espinoza Benavides, desde Chile, abre umbrales provocadores que plantean la cibernetización de lo divino, la tecnificación de lo religioso, algo que no debería asombrarnos dada la digitalización del mundo. También plantea la desintegración de las clases sociales, en un futuro donde la fuerza laboral que siembra los campos ha sido sustituida por androides, androides que posiblemente han sabido hacer huelgas. Abre umbrales donde el libro como lo conocemos ya no existe y su versión holográfica ocupa el mercado de los futuros lectores. Y siguiendo por esa senda de preocupación literaria recupera nada más ni nada menos que al ingenioso hidalgo de la Mancha quien parece no salir bien librado de tal tecnificación.

Maielis González, desde Cuba, más bien desde España, abre umbrales que hiperbolizan la pandemia al punto de desnaturalizar la piel humana en lo que podría ser un proceso de alienización de nosotros mismos. Abre umbrales donde la historia parece haberse extraviado, y un alucinado ejercicio de memoria y escritura se hace necesario. Recupera y llama la atención sobre nuestra relación con la vejez, la cual ha sufrido un quiebre durante la actual pandemia del Covid. También cuestiona una futura jurisprudencia respecto a las pandemias muy pertinente dada la peligrosa radicalidad producto de la paranoia que estas situaciones generan.

Erick J. Mota, desde Cuba, en un ejercicio casi paleográfico, abre umbrales que dan vida a las crónicas de los conquistadores. De pronto nos vemos inmersos en un viaje marítimo por un Caribe mítico infestado de leviatanes. Volvemos a surcar los mares con la viejas carabelas, en busca de ciudades perdidas que solo son metáforas de la avaricia del conquistador quien a su vez es metáfora de colonización y eurocentrismo. En este umbral propuesto por Mota seremos viajeros del tiempo capaces de reescribir la historia para evitar terribles genocidios, alcanzando un futuro más prometedor, en el que podamos vivir en el cielo y realizar “conquistas” intergalácticas.

Arisandy Rubio, desde México, abre umbrales en busca de una vacuna y lo hace viajando a realidades paralelas que comienzan a confundirnos hasta hacernos perder de vista cual es la original si es que realmente existe una. Explora umbrales donde la tecnología ha alcanzado la eternidad y por tanto ha vencido todas las enfermedades, lo que supone una existencia que anhelamos desde los albores de la modernidad pero que resulta, paradójicamente, en la muerte de la vida natural. También abre un umbral a un mundo microscópico donde el enemigo deja de ser invisible, y nos deja ver la preocupación por políticas de salud inescrupulosas que derivan en cruentas distopías.

Mary Cruz Paniagua, desde República Dominicana, abre umbrales alucinantes, donde una piedra de origen misterioso puede azular el mundo y cuestionar lo que entendemos por bien y mal. Umbrales donde un androide puede transmitirle enfermedades venéreas a los humanos y viceversa, evidenciando una relación íntima con esa tecnología que hemos imaginado aséptica. Aborda escenarios donde nuestro cuerpo orgánico es reemplazado por uno artificial en el que depositamos nuestra corporalidad  para seguir siendo o ser otro dentro de un recipiente. Y un metafórico viaje espacial donde los analistas reciben a un “extraño” que provoca la dulce muerte.

Álvaro Morales, desde Uruguay, abre umbrales álgidos donde el enemigo intergaláctico número uno resulta siendo el personaje menos pensado. También abre umbrales en los que una fármaco dependencia aunada a regímenes totalitarios da cuenta de una humanidad que solo cambia de forma más no de fondo como si la miseria le fuera inmanente. Y en esta misma línea, sumamente sarcástica, dibuja nuestro exacerbado miedo a lo otro, lo otro no humano, aquello que reiteradamente calificamos como monstruoso, cuando lo realmente monstruoso es ese pavor y esa paranoia que pareciera distinguirnos como especie.

Ave (Annie Vásquez), desde Venezuela, abre umbrales brevísimos, tan breves que resultan una invitación a cuestionarnos cuan breve puede ser el umbral. Sus umbrales abordan la exploración genética y sus sujetos sin ser de otros planetas no son humanos, aunque lo que permanece en la mira de su cuestionamiento es precisamente la humanidad y las licencias que esta se toma respecto a la vida y la naturaleza. Sus umbrales también invocan lo poético, acercándonos al extraño Scifaiku, una poesía de ciencia ficción, de corta data, inspirada en el haiku japonés. Los suyos son umbrales con el hermetismo y la polisemia que la poesía presupone.

Cristian Soto, desde Venezuela, abre umbrales de inconformidad política y denuncia,  en uno de ellos reflexiona sobre cuán dispuestos estamos en ceder territorio humano a la inteligencia artificial haciendo referencia al arte y la creatividad. En otro cuestiona la educación no presencial y la digitalización o virtualización del sistema educativo. También abre umbrales de cariz antropológico donde se plantea cómo preservar culturas que se resisten a la modernización, y umbrales que dejan ver el ejercicio inescrupuloso del poder desde las altas esferas políticas que solo piensan en perpetuar su dominio sobre las masas.

Obitual Pérez (quien escribe esta presentación), desde Venezuela, abre umbrales relacionados con la cuarentena y las extrañas pero tan humanas formas en que podríamos asumirla.

Wild Parra, desde Venezuela, abre umbrales relacionados con la bioética donde el ensayo de fármacos con incautos grupos humanos usados como cobayas pone en evidencia una perversidad de magnitudes históricas. Nos muestra las miserias de una humanidad amante de la tecnología fáustica que se ha divorciado de la naturaleza. Nos expone el drama de una generación que tendrá que debatirse entre la realidad real y la virtual fluctuando en relaciones humanas complejas, personas que al no distinguir una realidad de otra perderán la cordura y vivirán experiencias sórdidas que no desembocan en finales felices.

Después de tanto umbral abierto no queda otra opción que perderse en ellos y mantener la costumbre de abrirlos dondequiera, para seguir agigantando este imaginario nocturno y femenino de la Ciencia ficción, de tal forma que la vorágine de lo diverso siga siendo el gran detonador de la existencia.

Obitual Pérez

San Cristóbal, diciembre de 2020

jueves, 25 de junio de 2020

Osvaldo Barreto obtiene accésit para la ciencia ficción venezolana en concurso de la Fundación Asimov

jun 21, 2020  /  in General
Tal y como estaba previsto, el pasado 21 de marzo de 2020 se cerró el plazo de admisión de originales, habiendo recibido un total de 63 trabajos participantes.

A partir de esa fecha, se inició la primera ronda de selección por parte del jurado del certamen, compuesto por Teresa López-Pellisa, Francisco Martorell Campos, Salvador Bayarri y una comisión del Proyecto Fundación Asimov (ver detalles en la convocatoria). Durante esta primera ronda de selección, ocho trabajos quedaron eliminados por no cumplir la extensión mínima requerida en las bases de la convocatoria, quedando nueve trabajos clasificados para la siguiente ronda.

Tras la segunda y definitiva ronda de selección, los miembros del jurado, reunidos a través de videoconferencia, tras las oportunas deliberaciones y conforme a las bases de la convocatoria del I Premio Pragma de relato de ciencia ficción, acordaron otorgar los premios a las personas y los relatos que se relacionan a continuación:

  • Premio de 500 € para Reproducción social, de Óscar Luis Eslava Álvarez.
  • Primer accésit para El Arquitecto Verde, de Osvaldo Barreto Pérez.
  • Segundo accésit (compartido)*, para El Movimiento Nodo, de Isabel Llodra Riera, y Madre robot, de Javier Font Combarros.


*Al producirse un empate por el tercer puesto, el jurado, tras las oportunas valoraciones, acordó otorgar el segundo accésit de forma compartida a ambos trabajos.

A partir del 1 de julio, el Proyecto Fundación Asimov se pondrá en contacto con cada una de las personas ganadoras para iniciar los trámites pertinentes y el proceso relacionado con la edición y publicación del volumen con las obras premiadas.

Desde aquí, y en nombre de todo el jurado, queremos felicitar a las personas ganadoras y agradecer el interés y la participación de todos los concurrentes. Así mismo, desde el Proyecto Fundación Asimov, queremos agradecer la dedicación, el esfuerzo y la amabilidad de los miembros del jurado del certamen.

jueves, 12 de diciembre de 2019


2da Entrega de la Jauría intergaláctica


Dándole continuidad a este proyecto editorial dedicado a la Ciencia-ficción
les traemos esta nueva obra titulada "Crónicas Verdes" de Obitual Pérez. 
Treinta y seis microcuentos dedicados al subgénero del Greenpunk.
Una visión post-apocalíptica, una humanidad mutando, otra muriendo, 
la naturaleza entronizándose, seres extraños y montones de clorofila...

jueves, 8 de noviembre de 2018

EL ENGRAMA (MEMORIA-ACCIÓN-CIENCIA FICCIÓN)


“Los hombres han sido puestos
sobre la tierra para que recobren
la memoria. Este planeta es una
colonia de tratamiento para
cierto tipo de amnesia”

“Dóulos Oukóon”
Jonuel Brigue

                De acuerdo con la filosofía hindú, nuestro cuerpo, en especial nuestra mente, registra las experiencias vividas durante el día a día, de una manera tan taxativa que estas tienden a determinar la forma en cómo respondemos ante cualquier situación, puesto que se mantienen latentes y han quedado fijas, de forma inconsciente, como una huella. Este fenómeno conductual (y de profundas raíces emocionales) es conocido como “samskara” por los hindúes o “engrama” por los científicos occidentales. Esto propicia, entonces, que nos interroguemos: ¿somos solo experiencia?, ¿somos solo memoria?, o realmente, ¿quiénes somos?

                Con esta pequeña introducción, que sirve de excusa “etimológica” para “definir” el título del libro que tienen en sus manos, quiero trazar los hilos discursivos (memoria-acción-ciencia ficción) por los cuales orientaré mi lectura sobre “El engrama”: antología de ciencia ficción hecha en Táchira. Un libro que reúne cuentos de cinco escritores tachirenses, estimados y conocidos en nuestro ámbito de las letras y las artes: Ave, Cristian Soto, Menezka, Obitual Pérez y Wild Parra, quienes presentan historias que se circunscriben a los aspectos esenciales de este género literario: hipótesis de vidas futuras en sociedades donde la explicación científico-tecnológica es la que prima en todos los rincones de la existencia.

                Mediante un ejercicio de imaginación, en cada cuento de estos autores, apreciamos diversos registros del lenguaje, unos más científicos, unos más viscerales y otros más sublimes al acto de inteligibilidad. Algunos usan el sarcasmo como vía de sanción a los símbolos de poder y dominación, mientras que otros son minimalistas y brindan importante fuerza discursiva al propósito enunciativo; pero, entre sí, resguardan la (cosmo) visión afín de este fenómeno literario, al intentar ilustrar qué nos espera como humanidad.

                Esto quiere decir que el uso de elementos discursivos como el humor, la sátira, el pesimismo o el tecnicismo científico, apreciables en cuentos como AII, Tratado de las moscas, El aguacate, Viaducto SC o Femíncula, nos dan pistas de caminos que se están labrando desde este instante y que se bifurcarán en una ineludible distopía (¿o utopía?, según se entienda) muy atenuada que reposa ya en nuestra memoria colectiva, como temor ante nuestro fin o como esperanza de que dicho fin equivalga a un destino distinto y mejor de la raza humana. De todas maneras, se traza, en el horizonte, un futuro no muy prometedor.

                Por ejemplo, con la exploración de tópicos como la inmortalidad, la clonación y la evolución biológica de nuestra especie, a partir de modificaciones y “reprogramaciones epigenéticas”, los cuentos de Ave ofrecen visos de cuestionamientos existenciales inherentes a nuestra especie: usar el recurso antropomórfico para otorgar significado a los conceptos del alma, de la esencia y de qué nos esperará luego de dejar de ser y dejar de estar en el cuerpo físico, como se aprecia en Desvío terrestre o Desiderátum 157. Además de ello, existe la posibilidad de no solo clonarnos como especie, sino incluso modificar las coordenadas temporales y espaciales, como las del estado onírico, que se pueden crear y experimentar de forma consciente (apreciable en Ganancia).

                Este ejercicio borgiano es sutilmente trabajado por Ave, cuyo registro, como dije, plantea algunas interrogantes ontológicas, que serían/han de ser lógicas a una sociedad futurista.

                En los cuentos de Cristian, la modificación genética, la mezcla entre terrestres y no terrestres, la clonación, la inteligencia artificial o los experimentos científicos estrambóticos, son el hilo temático para explicar que el abuso del poder no solo ocurre en las clases hegemónicas, sino en las de contracultura de igual forma. Por ello, la incidencia de los grupos divergentes (como los friganos, en el Tratado de las moscas, o el kamikaze travesti en Rebelión), la voz de una novicia clonada oníricamente, la modificación genética con una nueva Frankenstein, una extraña tierra prometida o una San Cristóbal post-apocalíptica sumida en la basura después de haber sido invadida por muertos vivientes y moscardones, son los reflejos de una humanidad sumida en el pesimismo de su propio destino, impuesto por sus decisiones y por esos “engramas” que determinaron qué sería: “nos habíamos convertido, en los nativos del residuo, los hijos del escombro”. Rasgos propios de una literatura del biopunk o ciberpunk.

                Los problemas éticos y morales, que se derivan ante el fin de la especie humana, no solo con la falta de los recursos básicos (como con la extinción del agua), sino con lo elemental de su propia condición (su humanidad), aparentemente, incrementarán en esas sociedades futuras que sucumben al encanto de la máquina, como se aprecia en los cuentos de Menezka. Para él, en el futuro (como tal vez ya nos ocurre ahora), habremos de olvidar el propósito esencial de nuestro devenir: VIVIR, pero vivir como se debe, sin las imposiciones morales de la sociedad y vivir sin traicionar nuestra propia ética (como plantea en el cuento V…). No importa si estamos en el planeta Tierra o en una colonia espacial a su alrededor (Sputnik 7591), si queremos viajar al pasado y creamos un desmadre colonial (Encuentro de tres mundos), los seres humanos del futuro también han de padecer, a un precio más alto, la muerte, tanto la voluntaria (como en Viaducto SC), así como la impuesta por una tecnología ajena (como en Actor). Todo esto a costa de las modificaciones genéticas a realizarse, con el fin de “optimizar la producción del planeta”.

                En los cuentos de Obitual, con ciertos diálogos a la prosa quiroguiana (Doctor Escáner) y al estilo kubrickiano (El prometeico), hay una innegable burla hacia los símbolos de dominación del Estado, así como a los medios de comunicación de masa (y su necesidad extrema de ser sensacionalistas), al “arte de la farándula”, tan común en los círculos sociales, y al supuesto de que la tecnología superará al hombre. Todos ellos como discursos con una base filosófica, más que ideológica. Aunque uno de los elementos más resaltados de sus cuentos se da en La retroexcavación, cuando nos confirma que, sin importar cómo la humanidad haya “evolucionado” tecnológicamente, ni cuánto hayan avanzado los métodos para llevar a cabo cualquier arte, siempre habremos de conservar comportamientos inherentes a nuestra naturaleza: miedos atávicos al desastre, a los dioses y al fin inmanente. El descubrimiento de una “Piedra del Mapa”, hecha piedra preciosa, con vida propia, da cuenta de este carácter emotivo que siempre nos ha de conmocionar como seres humanos.

                El ejercicio de la memoria, los recuerdos y el olvido, son uno de los temas apreciables en los cuentos de Wild, que contrastan con las técnicas científicas futuras de modificación humana: personas longevas (Taxidermia), con aceleración celular (Femíncula) o transespecies (Teriomorfo). Las nociones de mismidad-alteridad, irán cambiando a lo largo de nuestro devenir. La memoria, entonces, juega un papel fundamental en el destino humano, no solo como el hecho de recordar fenómenos y sucesos, sino que es la encargada de guardar el registro de todo lo que somos, a fin de preservarnos como especie. En Evocación, esta es la función de los memorizadores, mientras que la biblioteca actúa como mecanismo de resguardo en el cuento homónimo de esta antología. Con esto, afirmo que “el engrama”, como hecho psico-biológico, constituye la versión micro de lo que los hinduistas denominan “registros akáshicos”, huella etérea de todo lo que ocurre en el universo.

                Ahora bien, la presencia de crononautas (o viajeros del tiempo) es otro de los elementos de la ciencia ficción que no podía faltar en “El engrama”. Tópico el cual, personalmente, considero uno de los más emblemáticos de este género, no solo por la irrupción-observación-modificación de cualquier evento histórico, sino porque demuestra la capacidad, casi divinal, del ser humano para intervenir en el tejido temporal y espacial. Apreciamos esto con Menezka, Obitual y Wild, quienes trazan los viajes temporales como una moda del futuro capaz de corregir, cambiar la historia o simplemente ser testigo de ella. Cuentos como El corregidor, Encuentro de tres mundos y La anticitera politiké, dan cuenta de ello; a pesar de que en este último solo esté sugerido.

                Con esta antología de ciencia ficción tachirense, se sigue labrando el camino para otros escritores atraídos hacia el género, así como se exhiben muestras de nuestras formas de pensar, puesto que en “El engrama” hay comunión entre lo primitivo, (específicamente en las creencias arraigadas en nuestro inconsciente) con el discurso lógico, que se cimienta en una sociedad futura que tendría colectivos modificados genéticamente, teriomorfos, clones o crononautas a la vuelta de la esquina, en bandeja de plata y con cierto deprave de los avances científicos en beneficio de ¿la humanidad?. Digo deprave debido a la pérdida del sentido primario del avance tecnológico, hasta que podrían hacernos olvidar cuál es el verdadero valor de nuestro devenir.

                Con todo esto, finalizo expresando que “El engrama”, mediante el uso del humor, el pesimismo, el cuestionamiento del poder, la ética y la moral, no solo corresponde a esas marcas y a esas huellas de la ciencia ficción tradicional, es decir, a los avances científicos y tecnológicos a los que se ha sumido la humanidad y que se estiman sean habituales en nuestro futuro (manipulación genética y evolución de nuestra especie hasta el punto de maniobrar el tiempo y el espacio). “El engrama” también corresponde al uso de la memoria y la imaginación como mecanismos para dar respuestas (o intentar darlas) a todos aquellos aspectos esenciales e inherentes a nuestra condición humana: qué somos, quiénes somos o hacia dónde vamos… Sin duda, tienen ante ustedes un texto con profusos sentidos ontológicos.

Carlos Guillermo Casanova
Noviembre, 2018
Mérida, Venezuela